Tuesday, April 11, 2006

Una historia más.

El rodó como bolita de purrete arrabalero y está fulero y cachuzo por los golpes. Tantas veces con un cuatro a un envido dijo "quiero", y tantas se fue a baraja sobrando con treinta y tres.

A ella la conoció cuando entraba a fallarle la carpeta. Ella por su parte le ganó el corazón de a poquito y con cotidiana bondad. El hombre es como el caballo, dicen, y cuando llega a la meta afloja el tren de carrera y se hace manso y sobón.
Ella es buena, no le cabe ni un reproche, y es para él una amiga desinteresada y leal; una estrella en lo triste de su noche; una máscara de risa en su pobre carnaval. Ella le torció la vida, se puso en su camino para alumbrarlo con risas, con amor y con placer, y él entró a quererla por esa ley del destino... sin darse cuenta de que estaba ya viejo para querer.

Viejo, porque tiene miedo que lo sobren en malicia. Viejo, porque desconfía que ella lo quiere amurar. Porque se está dando cuenta que su vida fue ficticia, y porque tiene otro modo de ver y filosofar. Sin embargo, todavía, si se le cuadra y lo apuran, puede mostrarle a cualquiera que se sabe hacer respetar. La quiere como a su madre, pero le sobra bravura para hacerla saltar para arriba en cuanto le entre a fallar.

3 Comments:

Anonymous Laviga said...

Y si, claro. Si la quiere como a su madre, seguramente lo va a amurar. Que ni dude.
Y ya que estamos en Semana Santa, liturgiemos: "El que no tenga una vida de ficción, que arroje la primera piedra"
Amén.
Pueden tomar asiento.

3:43 PM  
Blogger Jou said...

¿Pero esto es sobre gente ficticia?? Yo siempre pensé que eran historias reales...

4:36 PM  
Blogger Martino said...

Por DIOS josefina. POR DIOS.

12:57 AM  

Post a Comment

<< Home